miércoles, 5 de mayo de 2010

El camino soberano que Cuba ha decidido caminar se debe respetar

Por Carlos Maldonado
Coordinador de Comunicación
Frente Popular

El pueblo cubano ha decidido caminar desde 1959 otro camino que no sea el que nos han impuesto desde el Norte, al resto de países. ¿Es esa razón suficiente para sufrir por ello bloqueo económico y campañas de propaganda falsas en su contra por parte del gigante de las siete leguas?


La Organización de Naciones Unidas –ONU- es clara al reconocer la libre autodeterminación de los pueblos, a escoger qué gobierno tener y qué sistema económico adoptar, por tanto, bajo esos parámetros, Cuba no ha cometido delito alguno contra nadie. Al contrario, a pesar de las limitaciones y carencias que el bloqueo ha causado en 50 años, ha demostrado que la voluntad de ser libres y soberanos es más fuerte que cualquier afrenta, a tal medida que incluso ha podido estructurar una ayuda sistemática a los pueblos del mundo a través de brigadas médicas, educativas y deportivas que atienden a miles de los más desfavorecidos de los países a donde llegan. ¿Qué más ejemplo de humanidad nos puede dar Cuba que esa diametralmente opuesta a la que nos presenta la nación más poderosa del mundo que, a pesar de esa ventaja abismal, en vez de llevar bienestar y bendición a los pueblos que toca, estos resultan agredidos, humillados, bombardeados, asesinados y saqueadas sus riquezas por sus ejércitos?

Los pueblos ven perfectamente esa diferencia y a pesar de la colosal maquinaria de mentiras, la verdad, tarde o temprano, siempre brillará. La misma globalización capitalista ha creado esa contradicción pues al suplir los instrumentos de comunicación al alcance de millones en forma de mercancías, ha puesto en las manos de aquellos, los medios para informarse mejor a pesar del control de la mayoría de agencias de noticias y propaganda. No se puede tapar el sol con un dedo y es más poderosa una verdad en el fondo de una caverna que mil ejércitos.

Los humildes, los sencillos, los abandonados por este sistema mercantilista que excluye y discrimina son los recipiendarios de las acciones humanitarias del pueblo y gobierno cubanos. Es tal su labor y entrega que, a pesar de las mentiras levantadas a nivel global contra Cuba, éstas no llegan a romper la gratitud de los pueblos hacia ella.

Sabemos que el poderío militar es grandioso de parte de Estados Unidos y que de un manotazo podría barrer a Cuba, pero la mecha que prendería esa acción aceleraría su propia destrucción. Eso lo sabe muy bien ese gigante con pies de barro.

La última agresión mediática hacia Cuba donde convirtieron en mártires a quienes no lo son y en “luchadores por la libertad” a quienes reciben dólares con la misión de desestabilizar a su gobierno, se desmorona por sí sola, pues si los mismos medios que la llevan a cabo y que hoy vociferan improperios contra la Isla y utilizan irreverentemente la muerte de un reo común tergiversando la verdad para señalar a Cuba, hubieran elevado su voz con la misma enjundia ante el genocidio que hicieron y están haciendo en este momento las tropas gringas y sus aliados en Afganistán, Irak y Pakistán; por las torturas en las cárceles que han erigido en esos lugares y en otros países donde confinan a los prisioneros de guerra a quienes ocultan para evitar que la legalidad de los tratados firmados por ellos en los Convenios de Ginebra, los protejan; por las torturas sistemáticas en que se han visto envueltas las tropas mercenarias y los bombardeos indiscriminados a su población civil, otro gallo cantaría. Habría, al menos, de parte de aquellos, una mínima solvencia moral para señalar a Cuba. La asimetría es profundamente insostenible.

Sin embargo, como es un montaje más de los que estamos ya hartos, al Imperio y sus secuaces le ha pasado lo de Pedro y el lobo: ya nadie le cree. Su moral y credibilidad están por los suelos y cada vez que sus altos funcionarios desde su Presidente, la Secretaria de Estado hasta el funcionario de menor jerarquía emiten declaración alguna, los receptores desconfían. La palabra de las autoridades gringas se ha depreciado al valor de una falsa moneda. Si no fuera por su poderío militar que impone su voluntad a regañadientes, no habría quien los tomara en serio.

No obstante, ese ritmo no puede mantenerse por siempre. Sus gastos armamentistas han provocado el déficit más grande en su historia, su planta productiva ya fue rebasada hace mucho por las potencias emergentes y su capacidad de negociación se ha visto empañada por esa desconfianza en sus acuerdos por la facilidad con que los rompe.

Por tanto, esta campaña que se ha levantado contra Cuba una vez más está destinada al fracaso pues está basada en la mentira y en la tergiversación. No prosperará. Se estrellará contra el muro de dignidad de un pueblo que ha sabido, a fuerza de sacrificio y sufrimiento, construir su libertad y, como las anteriores, se irá por el desagüe del recelo que sus propios ideólogos han forjado.

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