lunes, 8 de marzo de 2010

EL NACIONALISMO DE LA BURGUESÍA GUATEMALTECA

Wilfredo Lanuza

Si algo ha caracterizado a la clase dominante guatemalteca es su malinchismo. Desde la independencia de 1821 dieron muestra de su falta de nacionalismo y de su incapacidad de conformar un Estado nacional, entregándose al imperio mexicano de Iturbide.


Desde entonces, han sido incapaces de conformar un proyecto de nación que sea incluyente y donde pudieran, desde el punto de vista burgués, lograr un nivel de vida para las clases subalternas que les permitiera ejercer hegemonía sobre éstas, razón por la que siempre han basado su permanencia dominante en la violencia. En cambio, siempre han sido una clase parasitaria, retrógrada y falta de orgullo nacional. Siempre se han acercado en condiciones de sumisión al imperio de turno.

Para colmo de males, ni siquiera pudieron aprovechar la oportunidad que representó el período revolucionario de 1944-54, porque, en lugar de apoyarlo y conformar un sistema burgués nacionalista, prefirieron continuar con su política apátrida de defender sus intereses oligárquicos en alianza con el imperio estadounidense. De paso diré que esta es una razón poderosa para decir que solamente estableciendo el socialismo podremos buscar el desarrollo para el pueblo entero.

Lo que no sabían, es que las burguesías de los países de capitalismo avanzado sí tienen la visión que ellos no tienen y, más tarde o más temprano iban a clavarles el puñal en la espalda sin darles la oportunidad de protestar. Eso, por cierto, es típico de cualquier burguesía, debido a que en ese sistema no se hacen amistades, sino que se concretan intereses. Ahora ya lo han aprendido, aunque sea tarde.

Fue patético ver a Oscar Berger arrastrarse en Washington, tratando de suavizar las condiciones rapaces del TLC-CAUSA, después que otro grupo vendepatria –el FRG- entregó el país a los intereses imperialistas, con tal de consolidarse (recordemos que el mismo FRG fue desechado por los yanquis y tratado como enemigo después que les habían servido como deseaban) y no logró nada. Era claro que esa sería la realidad.

Por supuesto que sería iluso pensar que todos los capitalistas saldrían afectados, porque los peces más gordos sacarían la mejor tajada, así fuera a costa de los más pequeños que ellos. Así la mediana y pequeña burguesía salió grandemente afectada con el tratado. Pero en las sociedades clasistas las cosas son de esa manera; es falso que haya libre concurrencia y ya Lenin, hace más de cien años demostraba cómo la tendencia en el mundo capitalista era hacia la monopolización, tal como se da hoy en día. Incluso habló de las grandes fusiones que se darían como una necesidad de las grandes corporaciones de mantenerse como dominantes en el mercado. Todo eso se ha venido cumpliendo, tal como fue vaticinado.

Lo irónico es que la burguesía oligárquica nacional sigue en las mismas sin aprender la lección. Se muestran enfadados por el rumbo que siguen las negociaciones con la Unión Europea –pero sin dejar de negociar- sin pensar que ya México y Chile nos mostraron que todo el contenido político y social de las negociaciones son una pantalla, una farsa demagógica, porque el énfasis está puesto en la parte comercial y allí es donde el más grande se comerá al más chico porque más allá del discurso, la UE también practica el imperialismo, aún así sea un poco más “civilizada”.

Y al final de cuentas, quien sale más afectado es siempre el pueblo, porque es a quien más le afectan los resultados de todas esas negociaciones en las que jamás se le consulta para pedir su opinión y a quien esos resultados le ponen más contra la metralla y la pared porque le empobrecen cada día más, como ya lo vemos con el tratado entre EUA, Canadá y México. Pero claro, para la burguesía es una cuestión “de principios y no de ideología”, como lo dicen siempre algunos de sus representantes. Se creen con el derecho de ser los directores de orquesta sin que la orquesta, que es la que verdaderamente produce la música pueda decir ni media palabra.

Esa vieja actitud de malinchismo se muestra nuevamente en estos días en el hecho de desabastecer de azúcar al pueblo guatemalteco.

Escuchando las noticias por la televisión, decían los presentadores que los productores garantizaban el abastecimiento porque su producción es suficiente para cumplir con sus contratos al extranjero y aún proveer al mercado nacional.

Vean el orden en que se desarrolla su lógica: siempre se cumple primero hacia fuera y luego lo que sobra se le deja al pueblo. No es un secreto que el azúcar de peor calidad se le deja a los que no pueden pagar por una mejor calidad -nuestro pueblo-, y eso que al pueblo guatemalteco se le vende a un precio más caro que al mercado internacional. En otras palabras, siempre despluman a la gallina de los huevos de oro.

Pero si analizamos un poco más profundo, cuando ellos dicen que como la producción mexicana ha disminuido, deben proveerle lo que les hace falta, están pensando nuevamente en el mercado internacional antes que en el pueblo. Ahora, después de eso, resulta que el abastecimiento local está siendo afectado, porque están poniendo un límite de compra del endulzante a las personas en los supermercados, es decir, lo están racionando. La pregunta es, ¿si están en capacidad de proveer al mercado nacional cumpliendo a la vez con sus contratos, porqué se está limitando la cantidad que la gente puede comprar?

Entonces, debemos preguntarnos qué está haciendo el gobierno para evitar la especulación que parece ser la razón de fondo, cuyo fin sería aumentar aún más los precios para el azúcar que necesita el pueblo. Nuevamente podemos ver entonces la misma vieja actitud malinchista, actitud colonizada de pensar hacia fuera, porque, ¿quién debe ser más importante? ¿Nuestro pueblo o los comerciantes extranjeros que distribuyen los productos a sus pueblos?

Lo anterior sigue confirmando lo que he venido diciendo desde tiempo atrás, en el sentido de que mientras estemos regidos por relaciones de producción capitalistas, no tendremos salida como pueblo. No digo esto como un empecinamiento, sino que al ver la realidad, encuentro la confirmación de lo que digo sobre el sistema burgués y la necesidad de hacer una transformación radical en el modo de producción, que lleve a un cambio en las relaciones sociales de producción y en el enfoque por un sistema que ponga en primer término la satisfacción de las necesidades populares, antes que otros intereses. Eso solamente se puede lograr con el socialismo.

Vamos pueblo, la lucha sigue y no porque la marcha sea lenta deja de ser marcha. ¡Adelante, marchemos hacia un nuevo futuro!

Guatemala, 5 de marzo de 2010.

“Para ser revolucionario hay que sentir en nuestra piel y en nuestro espíritu el dolor del pueblo oprimido y explotado. Hay que hacerse parte de él”.

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