miércoles, 23 de junio de 2010

GUATEMALA FELIZ QUE TUS ARAS

Por E. Wilfredo Lanuza

Desde un tiempo atrás no canto el himno nacional. Al contrario de lo que cualquiera pudiera pensar, respecto a falta de nacionalismo de mi parte, esa es precisamente la verdadera razón: un sentido de patriotismo que me lo impide.


Basta con leer y conocer un poco nuestra historia para saber que la letra del himno guatemalteco es un falseamiento de la historia, no sólo del conocimiento de hechos pasados, sino de la historia que hoy se construye.

Comencemos a ver desde el principio algunos detalles de lo que en “nuestro” nacional se dice: “Guatemala feliz que tus aras, no profane jamás el verdugo”.

En tan pocas palabras encontramos una negación muy grande de la realidad. Con el actual orden de cosas no podemos decir que la patria está feliz, como no sea la patria del criollo, proyecto que ha encontrado en la venta de la patria un modus vivendi que a los señores “dueños” les ha representado jugosas riquezas, claro, al precio de la dignidad nacional mancillada y de la masacre de los verdaderos hijos de la patria, por hambre, con balas, con prescripciones legales que han despojado al pueblo de sus propiedades por mandato de entes e intereses ajenos a la patria. El resumen del cuento es, entonces, que la patria del criollo significa en la práctica la no existencia de tal patria, porque siempre la han entregado, desde el 21 de septiembre de 1821 hasta la fecha. De tal suerte, la burguesía de servidumbre criolla no tiene patria. Nosotros, el pueblo sí la tenemos porque nunca hemos renunciado a ella y aún tenemos pendiente la tarea de recuperarla.

Por lo tanto, en las condiciones actuales de alienación de la patria, no puede existir una Guatemala feliz. Tampoco puede estar feliz cuando tantos de sus caros hijos han muerto y siguen muriendo por causas que no deberían existir o cuando los salarios son de hambre y los precios también son hambreadores. No podemos tener felicidad cuando desde 1954 tenemos gobiernos que sirven al capital transnacional y al local…sí, en ese orden, porque el capital local no tiene ni dignidad ni soberanía, así que, usando las palabras de Humberto Flores Alvarado en la década de los ´70, son una burguesía de servidumbre.

“Que tus aras no profane jamás el verdugo”. Yo pregunto, si eso es cierto, ¿Porqué perdimos Belice? ¿Porqué siguen incursionando los beliceños en nuestra frontera y matando campesinos ocasionalmente sin que haya defensa efectiva? ¿Y no que el Ejército está para proteger nuestras fronteras? A menos que sea una protección virtual que se opere como el juego de una computadora, porque en la realidad no veo nada de eso. Sin lugar a dudas, se le tiene pánico a la pérfida Albión –como le gustaba decir a Quique Wer- con su poderío militar.

Por otro lado, con excepción del periodo de la Revolución, los yanquis han tenido sus inmundas garras metidas en nuestra patria. En estos últimos tiempos yo he visto personalmente soldados yanquis, con sus uniformes y sus vehículos militares, de compras un día entre la semana en el oriente del país -Jutiapa concretamente- en donde ahora se realizan trabajos de minería. Hay que aceptarlo, nos convirtieron en una neocolonia yanqui y todos los gobiernos genuflexos que tenemos no han hecho nada por la soberanía. Más bien han sido los instrumentos para que 20 familias vendan todo lo que le pertenece al pueblo, usurpando el lugar de la soberanía con traición. No pueden decir que no porque sucesos como el TLC-CAUSA desnudó impúdicamente la realidad sobre la traición a la patria y mostró quién tiene el verdadero y efectivo poder político. Para parar el carro neoliberal yanqui, en cambio, sí pueden remilitarizar el país para defender los intereses corporativos, extranjeros y nacionales. Entonces pregunto: ¿No profane jamás el verdugo? No es más que palabrería cursi y sin ningún contenido práctico y dignificante para el pueblo vilipendiado y explotado.

Sigamos con la letra del himno nacional. “Ni haya esclavos que laman el yugo, ni tiranos que escupan tu faz”.

Si no fuera por el dolor que aún causa nuestra historia, tanto colonial como reciente y tristemente la misma actualidad neocolonial, lo podría tomar por una broma de humor negro. Desde 1954 hasta 1985 nos gobernó una jauría de criminales que enlutó a la patria con cientos de miles de hijos acribillados. Después, sabemos que Vinicio cerezo no gobernó, que todo fue parte de un plan emanado de la estrategia hegemónica yanqui para “pacificar” el país y establecer condiciones para el establecimiento del neoliberalismo, por medio de una fachada de gobierno civil y democrático.

Serrano Elías no fue ninguna excepción. ¿Es que acaso no fueron militares quienes le autorizaron el golpe de Estado y luego se echaron atrás, dejándolo a su propia suerte y, no hubo entonces un continuismo de la represión represión?

La cúpula militar puso a Ramiro De León en cintura cuando este llegó a la presidencia. Después Arzú -un fascista salido de las filas del nefasto MLN, por quien murió el lechero Sas Rompich- le impuso al pueblo a la mejor manera autoritaria el despojo de sus propiedades y provocó el encarecimiento de los servicios estatales desde que llegó a ser alcalde por primera vez.

Portillo, ¿no era la carta electoral de Ríos Montt? Ciertamente, sus políticas chocaron contra la oligarquía, pero no era un gobierno en favor del pueblo. El y la gente portillista y eferregista “negociaron” el TLC con los Estados Unidos, otra venta en contra de los intereses del pueblo guatemalteco y el militarismo no disminuyó, aún cuando en apariencia desmanteló el Estado Mayor Presidencial (en realidad lo que hizo fue camuflarlo).

Con Oscar Berger una fracción oligárquica, de las más rancias llegó al gobierno e impuso forzosamente sus intereses. Con Carlos Vielman implementaron una política de limpieza social. Fue durante este gobierno que una funcionaria de la SAT informó que la familia del entonces presidente estaba ingresando contenedores con mercadería no declarada al fisco. ¿Qué pasó con ese caso? ¿Sólo Portillo fue corrupto entonces?

El gobierno actual sigue protegiendo intereses económicos ajenos al pueblo, desviando la atención con políticas asistencialistas de corte populista. Pero como otra fracción del capital no está en el mando ahora, han tratado de derribarlo por distintos medios. Es decir, tenemos una lucha de fracciones del capital. Pero, ¿Acaso no tenemos ahora mismo presos políticos? No podemos callar sobre la situación de Ramiro Choc, de los compañeros de San Juan Sacatepéquez y otros casos más, en los que se ha beneficiado a intereses económicos empresariales. En síntesis, los “tiempos de solidaridad” siguen siendo tiempos de neoliberalismo.

Con esa revisión de nuestra situación, hecha de manera superficial tenemos suficiente para decir que no es cierto que no haya tiranos. Hasta en la municipalidad capitalina tenemos uno de los de mayor envergadura.

“Ni haya esclavos que laman el yugo”. La negación de esa afirmación se desprende del lacayismo de la burguesía, que impone condiciones a los trabajadores, que les hace perder los beneficios logrados por medio de luchas sangrientas de los trabajadores y ahora, en cambio, viven en la esclavitud, solo basta ver lo que se ha hecho con la maquila, la cual desmoviliza la organización obrera, impone políticas de “flexibilización laboral”, que recorta beneficios aun en contra de las leyes laborales y contrata en condiciones desfavorables. O, ¿Qué creemos que sucede en los call centers?

Existe también la dictadura de las marcas por medio de un proceso publicitario desmesurado y alienante que pone a la juventud contra las cuerdas porque, o se alinea al sistema imperante o está fuera de foco y merece la condena moral de sus coetáneos. Así que la esclavitud sigue en pie.

“Si mañana tu suelo sagrado lo amenaza invasión extranjera, libre al viento tu hermosa bandera a vencer o a morir llamará”. ¿Acaso defienden el suelo patrio de las invasiones beliceñas? ¿Piensan echar de una vez al imperialismo yanqui y al sutil imperialismo europeo? Sandino lo hizo a punta de bala, Cuba defendió la patria en Playa Girón, Venezuela defiende su soberanía y le puso las reglas del juego claras a las empresas que se robaban el petróleo y sus recursos naturales y responde con milicias populares a los intentos de ataque, Bolivia hace lo mismo en cuanto a soberanía echando a un embajador (procónsul yanqui en territorio boliviano haciendo tareas conspirativas del imperio que representaba), Ecuador echó de su suelo a la petrolera que igualmente saqueaba la patria de sus recursos, sus riquezas, mientras Argentina lucha por su soberanía en las Malvinas. Y mientras, ¿Qué hacen los gobiernos guatemaltecos? ¿Echarán a los militares yanquis que están ubicados en áreas estratégicas dentro del país antes de que nos dejen sin nada?

“Nuestros padres lucharon un día, encendidos en patrio ardimiento, y lograron sin choque sangriento, colocarte en un trono de amor”. ¿Acaso es un secreto que la independencia se la apropió un grupo no representativo de los intereses del pueblo y eso después de una fuerte lucha por ver si se declaraba la independencia o no. No olvidemos que en el acta misma de “independencia” quedó registrada la infamia al decir que era necesario declararla antes que lo hiciera el pueblo, lo cual sería nefasto. ¿Nefasto para quién?

No todos los que firmaron el acta estaban de acuerdo con la declaración porque sus intereses quedaban, según ellos, mejor protegidos siendo una colonia española. Entre los que firmaron no estaban todos los que eran ni eran todos los que estaban, eso resume la cuestión.

En esa acta no aparecen los reyes nativos que lucharon contra la invasión, no aparece Manuel Tot, Atanasio Tzul, Juan de Dios Mayorga y Lanuza, entre otros.

Por citar algunos otros nombres de verdaderos patriotas, criollos y mestizos que lucharon por la liberación y muchos pagaron caramente su osadía de atreverse a soñar con la libertad del suelo patrio, citaré a algunos que descubrí leyendo un trabajito muy corto y descriptivo, además de resumido y superficial, que sin embargo nos indica que hubo muchos que no se mencionan cuando se habla de patriotas independentistas. Veamos algunos más de los que mencioné antes:

En el año de 1808 se dio un alboroto que se atribuyó a los artesanos como un motín en el barrio San Sebastián (La aclaración de este hecho histórico la brinda Severo Martínez en La Patria del Criollo). En este alboroto se pedía la muerte para los chapetones y vivas a Guatemala y a los criollos (ver Movimientos de Independencia, escrito por Miguel Ángel Mazariegos Montúfar). Se dice que fue Bergaño el instigador y autor de un manifiesto; Bergaño fue deportado a la cárcel del Morro en Cuba y sus bienes le fueron decomisados.

Agustín Viches, originario de León, Nicaragua fue apresado el 6 de mayo de 1809, bajo la acusación de haber afirmado que era falsa la instalación de la Junta Soberana Nacional, con lo que ponía en entredicho la validez de las disposiciones de ésta. Decía que ya que los franceses habían ganado la península, entonces ellos debían gobernar a América y que los chapetones debían irse de inmediato. Además, fue acusado de elaborar pasquines y liderar a los artesanos. Fue apresado hasta 1812.

En Chinandega, Nicaragua se denunció a Encarnación Valladares por tratar de sublevar a las milicias de la ciudad bajo el razonamiento de que ya se había sublevado la capital y San Salvador, por lo que en Chinandega también lo harían. Permaneció engrilletado en los calabozos hasta 1814.

En el año 1811 se acusó a Tomás Martín Torres de iniciar una sublevación en Sonsonate, El Salvador. Era indígena salvadoreño y finalmente fue indultado.

El 5 de noviembre se dio el levantamiento de San Salvador que, según José Clodoveo Torres Moss, fue la inspiración de muchos otros lugares en El Salvador, incluso Chiquimula en Guatemala. Se dice que en esa ocasión se proclamó la independencia por parte del cura José Matías Delgado, además de que se menciona a los siguientes cabecillas del movimiento: Manuel José Arce, Juan Manuel Rodríguez, Manuel, Vicente y Nicolás, los tres eran hermanos y tenían el apellido Aguilar; Pedro Pablo Castillo, Domingo Antonio Lara y el Dr. Santiago Celis. El movimiento fue sofocado por los enviados para el efecto, el Coronel José de Aycinena y José María Peinado. A todos los alzados se les confiscaron sus bienes.

Este movimiento fue, como ya se dijo, la inspiración de muchos otros pueblos, pero fue aún más que eso, ya que desde aquí se pretendía lograr que dichos lugares también se levantaran para dar apoyo a su levantamiento. En el caso de San Salvador, parece ser que Juan de Dios Mayorga y Lanuza (de quien hablaremos separadamente) estaba familiarizado con los planes insurrectos, ya que siendo comerciante, viajaba continuamente a San Salvador, a la capital del reino en Guatemala y a su lugar de origen, Chiquimula.

El 17 de noviembre de 1811 se dio el levantamiento de Usulután. Al capturar a los alzados se les envió a San Miguel. En este caso se extravió la causa que se les seguía.

En esa misma fecha, según Mazariegos Montúfar, se dio una asonada que estaba encabezada por Juan de Dios Jaco, Lucas Morán y Bruno Rosales, además de que figuraron Juana Evangelista, Anselmo Acencio y Dominga Fabio, mujer de Francisco Reyna, el principal de los insurrectos.

La mayoría salió de prisión alrededor de 1812, excepto Reyna, quien salió hasta el año 1818.

Ya antes de 1812, el 24 de noviembre de 1811 se había realizado un intento de levantamiento que, a decir de Torres Moss, se quedó en un intento que se manifestó en consignas sin que hubiera llegado más allá. No obstante, Mazariegos Montúfar afirma que los señores Vidal Antonio López, Marcelo Zepeda, Severino Posadas, José Agustín Alvarado, Juan Ubaldo Ortega, Leandro Antonio Fajardo, Antonio López, José Galdamez Morán, Vicente Fajardo y Bernardo Letona, los principales del movimiento fueron capturados, se les realizó un consejo de guerra y fueron posteriormente deportados a los castillos de San Felipe, San Carlos, Remedios y Trujillo, recobrando la libertad hasta el año 1818.

Entre el 24 y el 26 de noviembre de 1811, se dio otro levantamiento en San Pedro Metapán. Este movimiento, al parecer dirigido secretamente por Juan de Dios Mayorga, se dio con intenciones independentistas y como apoyo al movimiento de los patriotas de San Salvador. Mazariegos afirma que los dirigentes fueron Lucas Flores y Agustín Alvarado. Sin embargo, Torres dice contrariamente que fue Juan de Dios el autor intelectual y que para realizar sus planes, contó con el apoyo de su cuñado Juan José Escobar, de José Miranda y Lucas Flores. Este movimiento, como los demás, contaba con la participación de los mestizos o ladinos, de los indígenas y de los criollos, es decir, tenían con el apoyo popular necesario, sin embargo, los criollos, después de haber prometido su apoyo y participación, al saber de la presencia de las autoridades enviadas para el efecto, dieron la espalda a las masas mestizas e indígenas, acusándolos de ser responsables y desatando la persecución contra ellos, así como buscando una acusación contra el Bachiller Mayorga, como veremos más adelante. En otras palabras, los criollos traicionaron el movimiento. Este es un asunto importante que no podemos descuidar de nuestro análisis, ya en esta conducta (típica de los criollos) había un contenido de clase que por ahora escapa a los fines de este documento. En otro momento y en un estudio más profundo que emprenderemos. Por ahora, una descripción somera de los hechos nos sirve para identificar la verdad de que en el proceso de lucha independentista existieron muchos patriotas que incluso pagaron con su vida el precio de la patria que pretendieron, así como también el hecho de que los que aparecen en la lista de firmantes del acta que formalizaba la decisión de separarse de la metrópoli no fueron todos los que lucharon y que, por el contrario, existe un ocultamiento de la realidad por parte de quienes se apropiaron los frutos de la lucha independentista para tratar de justificar su imposición de clase histórica, de la misma manera que siguen suplantando hoy en día al pueblo como sujeto de la historia nacional y en la toma de decisiones políticas sobre el tipo de sociedad que éste debe tener.

Volviendo al tema de las sublevaciones, también podemos encontrar otros movimientos y personajes independentistas, tal es el caso de León Nicaragua realizado el 13 de diciembre de 1811, en donde Fray Benito Miguelena, guatemalteco que se sublevó junto a otro grupo de patriotas.

En Sensuntepeque, El Salvador estalló un movimiento el 20 de diciembre de 1811. Encabezado por Atanasio Reyes, Isidro Cabrián y Juan Morales, fue sofocado y los dirigentes fueron capturados y enviados a Omoa.

El 22 de diciembre de 1811 en la ciudad de Granada, Nicaragua, Manuel Antonio de la Cerda convocó a un cabildo abierto, provocando que las autoridades huyeran a Masaya; los granadinos se armaron y fueron a tomar el fuerte de San Carlos, viajando por el río San Juan. Los rebeldes entregaron la ciudad de Granada tras una oferta de amnistía; sin embargo, después del pacto fueron capturados y enviados presos a Guatemala.

Entre el 1 y 2 de enero de 1812, en Honduras, el cura José Antonio Rojas y el señor Julián Romero lanzaron una proclama declarando que no eran esclavos. Por esto fue internado en el Cuartel de Dragones en Guatemala.

En febrero de 1812, en San Martín Cuchumatán, Guatemala, el indígena Manuel Paz convocó al pueblo para que expresaran su sentir respecto al desacuerdo que tenían con el gobierno español. Paz fue apresado y encerrado en Totonicapán y en Quetzaltenango. Salió libre hasta 1818.

En Olancho, Honduras, en el mes de marzo de 1812, Vicente Árnica y Toribio Bustillos fueron acusados por tratar de sublevar al batallón de granaderos del lugar. Árnica fue azotado públicamente y luego los dos fueron enviados al presidio de Trujillo.

En 1812, en Retalhuleu, Guatemala, fue apresado Isidro Taracena, bajo la acusación de intercambiar correspondencia con unos señores Alejos y Corzo proponiéndoles hacer una rebelión. Aún estando enfermo se le retuvo en la prisión.El 23 de febrero de 1812 hubo un levantamiento en ese corregimiento. Se acusó de perturbadores a los señores Francisco Cordón y Fulgencio Morales, al parecer, al tratar de apoderarse de las armas que se enviarían a El Salvador. Además de ellos se acusó a los señores Rafael Arriaza, Pedro Barillas, Manuel Antonio Calderón, Esteban Carcaño, Norberto Calderón, Patricio Cordón, Mariano León, Gabriel Marroquín, Juan de Dios Mayorga, Francisco Ordoñez, José Esteban y Juan Carlos Paiz, Isidro Salguero y muchos otros que fueron capturados y enviados a distintas prisiones.

En agosto de 1812, en Juticalpa, Honduras, se hizo responsable al cura José Pascual Martínez de incitar a las tropas a una revuelta. Después de ser apresado se le absolvió en el juicio.

El 10 de enero de 1813, en San Miguel, El Salvador se juzgó a Ignacio Corona por promover una sublevación.

El 8 de febrero de 1813, en Comayagua, Honduras, se inició una causa contra Miguel Juarez, originario de Cobán por andar contando que Oaxaca había sido oprimida (sic) por los insurgentes.

En diciembre de 1813 (21) se dio la captura de varios miembros de la llamada conspiración de Belén. Se habían comenzado a reunir desde octubre con una junta en el Convento de Belén, reuniéndose posteriormente en la casa de Mariano y Cayetano Bedoya, adonde fue invitado el Jefe del Batallón del Fijo, José de la Llama, así como a Mariano Sánchez, los que denunciaron el proyecto que planeaba realizar el levantamiento el 24 de diciembre de 1813. Según Mazariegos, este movimiento buscaba: a) sublevar las tropas locales, b) liberar a los presos de Granada, c) involucrar a los indígenas de Alta Verapaz por medio de Manuel Tot, d) pedir apoyo a Quetzaltenango y Suchitepéquez, tarea a cargo de Manuel Cárdenas y, e) apresar al Capitán General José Bustamante y Guerra y a los españoles. Dentro de los conspiradores se encontraban: Juan Francisco Barrundia, Joaquín Yúdice, Manuel Julián Ibarra, José María Montúfar, Andrés Dardón, Cayetano Bedoya, Manuel Poggio, Fray Juan Nepomuceno de la Concepción, Dr. Tomás Ruiz, Manuel Tot, Mariano Cárdenas, Fray Benito Miguelena y otros religiosos.

En el mes de enero de 1814, en el presidio del Petén, fueron acusados del delito de sedición los señores José Contreras, Marcos Góngora y José Méndez.

El 24 de enero de 1814 se dio otro intento de levantamiento por medio de los señores Juan Manuel Rodríguez y Pablo Castillo junto a los ciudadanos Juan José Aranzamendía, José Matías Delgado, Mariano Fagoaga y Santiago José Celis, Miguel Delgado, Domingo Ant. de Lara y otros. Deseaban declarar la independencia pero fracasó el movimiento y fueron enviados a la cárcel de Guatemala.

En noviembre de 1816 hubo un grupo que trató de que hubiera una sublevación en el cuartel Fijo de la ciudad. De esto se acusó a Fray Juan Salvatierra y a su hermano Manuel Salvatierra. Cuando los involucrados llegaron al Mesón de Dolores, se les fue capturando uno por uno a los conspiradores, abriéndoseles proceso por infidencia y sedición, habiendo sido encarcelados.

En 1820 en Totonicapán, hubo un levantamiento encabezado por Atanasio Tzul y Lucas Aguilar quienes se proclamaron rey y presidente respectivamente. Usaron imágenes religiosas en sus vestimentas y aunque no era un movimiento independentista, reflejó la inconformidad hacia la autoridad colonial, con lo que se creó un clima favorable a la lucha por la independencia.

Hay otros hechos importantes que los historiadores consultados para este documento mencionaron y que sirven para negar la falsedad establecida en el himno nacional de que fue sin choque sangriento que la independencia se logró.

Por ejemplo, la historia oficial difundida por medio del aparato educativo nada dice sobre la rebelión de los sendales en Chiapas, sobre la que escribió Severo Martínez. Fue esta una lucha de liberación de una treintena de poblaciones contra el yugo español que fracasó por razones tales como la desventaja de los rebeldes por el tipo y cantidad de armamento con el que contaban y por las pocas municiones. Lo importante del levantamiento es que nos muestra el anhelo de estos pueblos por liberarse de la opresión colonial.

Así también, cuando vemos la belleza del mirador del Cañón del Sumidero en el sur de México, poco podríamos imaginarnos la triste historia que oculta la construcción, de un pueblo que prefirió lanzarse en masa varios cientos de metros al vacío –un suicidio masivo- antes que ser esclavos de los invasores. Tampoco olvidemos que Chiapas fue un territorio guatemalteco hasta que el traidor pintado por el oficialismo liberal –que para esa época había sufrido transformaciones que le llevaron a una práctica igual de conservadora que los depuestos- como un héroe, Justo Rufino Barrios lo entregó a los mexicanos, cercenando así aún más al país, ya que con Carrera se había hecho concesiones en el caso de Belice que terminaron con la pérdida de esa parte de nuestro territorio.

Podría, en aras de buscar el despertar de la conciencia popular que cree las condiciones para el cambio, dejar hasta allí las cosas que se han venido mencionando, pero no podría negar la lucha de los pueblos originarios de esta tierra y aún de patriotas descendientes de españoles. Porque negar toda la sangre que siempre el pueblo ha derramado, eso jamás podré pasarlo por alto por motivo de que me duele profundamente todo el sufrimiento que mi pueblo ha tenido y sigue teniendo y como negar la historia es colaborar con las prácticas hegemónicas de los que han detentado el poder a sangre y fuego, nuestra responsabilidad es darlo a conocer al pueblo.

Este pueblo tiene que conocer su verdadera historia, no la caricatura que se nos quiere obligar a creer. Este pueblo tiene una historia de lucha, de verdadero valor, no de esa actitud cobarde de entreguismo a las potencias imperiales que ha pagado una cuota muy, pero muy alta de vidas desperdiciadas (claro, las vidas perdidas siempre han sido las del pueblo, no las de los vendepatria neocolonialistas) que no podemos ni debemos ocultar.

Una forma personal de resistencia ante la mentira es no cantar esa versión deformada de nuestra historia. Algún día todo cambiará y entonces las cosas serán diferentes, pero por ahora debemos empezar a sembrar para la cosecha futura.

Yo soy un patriota, pero no soy chovinista, no defiendo la mano opresora ni hago actos de genuflexión, por eso puedo decirlo con libertad. Amo a esta tierra y a su pueblo porque es la tierra que me dio donde nacer y es el pueblo donde me he formado y que me ha dado su amor. Llevo impreso en mi ser, en cada fibra de mí, el dolor de la gente; yo he visto desde mi niñez la muerte de muchos hijos de esta tierra que cometieron el único delito de amar demasiado y soñar con una mejor realidad, también vi caer a algunos de los lacayos de la injusticia en el tiempo de la lucha armada. He visto desde muy pequeño la miseria del pueblo y la he tenido que sufrir, he vivido su sufrimiento, los he visto morir sin esperanza y sin medios, mientras los que fueron colocados en un “trono de amor” (hasta en la forma de expresar las cosas no pudieron ocultar sus ambiciones clasistas) “sin choque sangriento”, gozaron de todo; esos son los que heredaron y gozan de todos los beneficios que le corresponderían a los que fueron despojados.

Mientras tanto, debemos tratar de rescatar el conocimiento de nuestra historia. El presente es un anuncio de que debemos retomar la responsabilidad, no solo de traer la memoria histórica; esta tarea debe llevar como fin máximo, luchar por realizar las transformaciones revolucionarias que nos permitan reorganizar esta sociedad para hacerla justa. Esto pasa sin duda, por el hecho de desmentir toda la sarta de mentiras que nos han querido (y en un alto grado lo han logrado) meter en la cabeza, para que falseando la verdad, las cosas puedan seguir de la misma manera. Por eso me comprometo a seguir buscando y rescatando el conocimiento real de nuestra historia. Este es solo el primer intento y no soy el único que tiene la responsabilidad sagrada de hacerlo, ya que es tarea de un pueblo entero descubrirse a sí mismo y a su historia, para, con la verdad atesorada en su conciencia, pueda forjarse una historia distinta.

Guatemala, 16 de junio de 2010.

“Para ser revolucionario hay que sentir en nuestra piel y en nuestro espíritu el dolor del pueblo oprimido y explotado. Hay que hacerse parte de él”.

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